
Cuando alza la cabeza de sus papeles o desvía los ojos del ordenador, Malacara puede contemplar el faro de Portland Head. No muy lejos de allí, un hombre alto y robusto, portando un enorme saxo tenor –un instrumento ultraterreno destinado a derribar murallas bíblicas- asciende las escaleras de un estudio de grabación. Un poco más a la derecha, el mismo hombre reposa la nuca en la palma de su mano, en un gesto de concentración en el que sin duda se estarán gestando escalas de cobalto rugientes y veloces como trenes desbocados.
Malacara ignora si alguna vez Coltrane estuvo en Maine, si visitó los faros de Nueva Inglaterra. Ahora sube interminablemente los escalones del estudio Van Gelder, de espaldas al faro pintado en acuarelas azules y ocres. La casa del farero parece esperar su visita, recortándose sobre el mar en calma. El cielo está detenido en un éxtasis blanco sobre la lámina metálica del horizonte. Existe un ritmo oculto en el cuadro de Hopper, un patrón visual de acordes que Coltrane hubiese descifrado.
Yo sólo puedo levantar ocasionalmente los ojos y sentarme en el silencio de su orilla.
Bravo. Aventuras de la mirada, que busca otros espacios habitables para un yo que necesita sentirse otro. Si hiciéramos recuento de los refugios que hemos invocado en uno u otro momento nos saldría una buena nómina de "casas". O, como en "La escala de los mapas", de Belén Gopegui, de "huecos" por los que colar la mirada para huir de lo inmediato y su eterna amenaza.
ResponderEliminarMe has devuelto a la parte final de Perfil asesino (J. Connolly). Lluvia, mar y antiguos faros.
ResponderEliminarLevantar los ojos, sentarte en la orilla y desplegar acordes vocales, sensitivos, sobre el fondo de lo cotidiano.
ResponderEliminarUna experiencia tangible alcanza una dimensión inabarcable, sugerente, en la experiencia de la lectura.
El blanco-frío de Salamanca lame la retina.
La pared que tú miras se re-crea con los sonidos de un saxo que prolongan la luz del cuadro.
Maine en mi imaginario está plagado asimismo de Connolly, pero nunca vi en los "cuadros" de Connolly la luminosidad de Hopper.
ResponderEliminarPor mi parte, he querido ver algo de Cortázar y su "El perseguidor".
ResponderEliminarPor cierto, Muñoz Molina sobre Hopper, hace dos Babelias: http://www.elpais.com/articulo/portada/viaje/real/elpepuculbab/20101204elpbabpor_5/Tes
ResponderEliminarLevantar la vista. Otra de esas estupendas expresiones escondidas en el habla cotidiana.
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